9.6.11

CRITICA SOCIAL. Auto-critica [1ª Parte]

Hace unos días, después de ver a un tío con una camiseta del Ché me puse a pensar en una  proesia respecto a la vergüenza que sentía al vivir mi vida del modo en que la estoy viviendo, de ser otro hijo-zombi de este sistema al que pertenezco, donde supuestamente vivo,  trabajo, me entretengo, amo, lloro y nunca estoy conforme, a este sistema que hace que todo provenga o resulte en algo malo y sin embargo sigo así, flirteando con él en la medida que el mismo sistema lo hace posible, porque aun cuando yo quiera tratar de hacer alguna pequeña diferencia, esa pequeña diferencia me resulta tan  insignificante al ver que el daño que causo con tan solo vivir, respirar, ser, es inmenso y se esparce entre quienes me rodean.

Hasta hace unos días lo que sucedía en sol, todos los viernes, todas las semanas desde hace un tiempo hasta el 15 de mayo me tenía sin cuidado, yo no me sentía representado por esta gente que a mi parecer solo estaba cabreada porque no podían optar a ese gran beneficio que es comprar un piso con una hipoteca a dos vidas, dejar de ser mileuristas para poder ser iguales o mejores que sus vecinos y  decía que si mañana mismo les subían el sueldo al doble y les aumentaban las vacaciones seguramente todos irían corriendo al primer banco a hipotecarse de una vez, comprarse un coche y así lograr la anhelada independencia y la pseudofelicidad.  Sin embargo las horas y las acciones me dieron una gran bofetada, no tuve que acudir a nadie para que me contara lo que ya no era un secreto, lo que ya dejaba de ser información de locos en páginas que nadie leía.  Me transforme en un loco más de la calle, de la plaza, quise dejar mis miedos y prejuicios atrás y avanzar al conocimiento gratuito, al respeto, a la iniciativa y hacia la organización horizontal.

Hoy no hay extranjeros, no hay amas de casa, punkis o pijos en la puerta del sol, hoy todos somos distintos pero uno a la vez.  Hoy nadie atraviesa la calle para evitar a nadie, hoy todos respetan, convergen, hablan, se saludan, sonríen, comparten y sueñan juntos.  Hoy no hay comunistas, veganos, antifascistas, feministas, socialistas, ateos y quizás, ni siquiera policías, hoy solo hay indignados, gente cansada de correr en filas todos los días para llenar los bolsillos de dos o tres que se divierten en su circo privado.  Hoy se quiere rescatar la democracia, la alegría, la vida.  Hoy nos juntamos en plazas y calles y alzamos la voz, primero para escucharnos a nosotros mismos y luego para hacernos escuchar, para rescatarnos, despertarnos de este mal sueño de injusticias, desigualdades y crímenes de los que somos victimas día a día.

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