25.9.11

LIBROS. El Fantasista [Hernán Rivera Letelier]


Extracto del libro EL FANTASISTA de Hernán Rivera Letelier.  No os hare un resumen, ni siquiera os recomendare el libro.  Lo he leído, me ha gustado y lo que más, los relatos de Cachimoco Farfán. Este en particular me vino a la cabeza mirando algunas fotos de los desfiles dieciocheros en Chile.  Algo que estando allí se volvió tan ajeno, ahora hasta me llama la atención, sin embargo siempre me preguntare que es lo que celebramos, si es que realmente hay algo que celebrar, hasta que me auto convenzo que esto no es más que una simple excusa para pasar un buen rato, para ser feliz por unas milésimas de segundos en estos quince minutos que llamamos vida, y ahora os dejo con Farfán:

"Aquí estoy, queridos radioescuchas, amables pacientes, en las afueras del Rancho Grande, en medio de este gentío que espera al comienzo del desfile, cerca de donde están los jugadores de ambos equipos vistiendo sus respectivos uniformes y dispuestos detrás de la bandita de guerra de nuestra escuela que, justo en estos momentos,  arranca con los acordes de Los viejos estandartes, dando así comienzo al desfile, y aquí vamos entonces rumbo a la cancha, metidos en este desfile organizado a última hora por las autoridades, tanto que le gustan los desfiles a estos papulosientos hijos de la gran pústula maligna, aquí vamos marcando  el paso como huevones a la vela, aquí vamos ran, ran, rataplán, desfilando junto a los protagonistas de este histórico encuentro, en medio de esta multitud de gente, sudando como moribundos bajo este sol gangrenoso, y desde mi posición veo marchando en primer lugar a los equipos contendores; enseguida, detrás de ellos, a las autoridades, dirigentes y árbitros, muy orondos todos, con una cara de hemorroide estrangulada que no se la pueden, y enseguida, marcando el paso marcialmente, veo todas las fuerzas vivas del campamento; ahí van, por ejemplo, los boys-scouts, las mujeres de los centros de madres, los bailarines de la cofradías religiosas con sus mascaras de diablos y sus atuendos multicolores, los bomberos con su uniformes de gala y los representantes de cada una de las secciones de trabajo, todos embargados de una emoción tremenda, pues saben que se trata de su último desfile por estas que los vieron crecer y que en un tiempo más, señora, señor, no existirán, no estarán, se las habrá llevado el mismo carajo, aquí vamos, todos juntos, Cometierras y Comemuertos, juntos pero no revueltos, aquí vamos saliendo ya del campamento, enfilando, directamente hacia el terreno de juego que se ve rodeado de una multitud impresionante, que hermosa, señoras y señores, amables radioescuchas, se ve nuestra cancha emplazada en plena pampa rasa, qué bella se ve embanderada y repleta de público, y a medida que vamos llegando se ve más linda, si parece un verdadero estadio, señora, señor, yo nunca había visto tanta gente en la cancha,  y mientras el desfile en frente a las tribunas en donde se entonara el himno nacional y se rebuznaran algunos discursos oficiales, yo me pongo a recorrer el perímetro del campo de juego para contarles a ustedes lo que ven mis ojos en este mar de gente, entre este publico impresionante, y lo que ven mis ojos, amables oyentes, son algunas señoras que se han traído sus asientos regalones desde sus propias casas, matronas que se les nota a la legua que es la primera vez que asoman la nariz por una cancha de fútbol, y por aquí justamente vemos a varias de ellas [algunas más viejas que la sarna y otras más feas que un reflujo gastroesofagico] sentadas en sus desvencijados sillones de mimbre, y mas allá, detrás del arco oeste, divisamos a la familia Comegatos completa sentada pierna arriba en uno de esos antiguos sofás de cretona, todos arrellanados y acomodados como para sacarles una foto y mandarla a la revista Estadio; mucha gente también ha traído sus quitasoles y sus botellas de agua y algo para entretener la lombriz solitaria, como muestra portentosa María Marabunta que, repantigada en un sofá de felpa, todo para ella sola, devora docenas de huevos duros y panes con mortadela, y seguimos mirando y encontrando más gente de la que nunca antes habíamos visto en los partidos, gente que hoy, emocionada hasta las lagrimas, ha asistido como se asistiría a una misa de cuerpo presente por un familiar muerto, y es que de eso se trata, pues, amables auditores, pacientes míos, de eso justamente se trata; este partido es como el ultimo santo oficio de nuestro querido campamento, por eso están aquí hoy todos los que están, por eso hoy… oh, pero que ven mis ojos, ustedes no me la van a creer, amables escuchas, pero acabo de descubrir detrás de la gente abarrotada en la orilla del sur al canuto que varias veces ha querido exorcizarme, sí, queridos auditores, el mismísimo hermano Zacarías Ángel, miren nomás ustedes, quien iba a decir que algún  día íbamos a ver a este cataplasma mirando un partido de fútbol, a este purulento hijo de la gran pústula maligna, fosfolipido anfipatico y la purga que los parió!"

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