21.2.12

DIVAGACIONES, Mis aventuras en la fila del NIE I [2009]

En mi última visita a lo que algunos llaman el Guantánamo de Madrid, es decir la nueva cárcel de Carabanchel en donde los distinguidos ciudadanos españoles y los no tan distinguidos ciudadanos extranjeros debemos realizar algunos trámites relacionados con su tarjeta de identificación, llamémoslo DNI para los nacionales o nacionalizados [a estos últimos lo caracteriza la letra X al final de su numeración], ó llamémoslo NIE en el caso de nosotros, los extranjeros.

Pues bien, llegaba yo a eso de las 8 de la mañana y sorprendido observaba que no había fila, al menos, no la había en el lugar donde siempre la había visto. Con la demolición del antiguo centro penitenciario, la fila había sido cambiada de lugar y ahora se escondía por detrás de una de las paredes laterales que aun quedaba en pie del ex centro [donde dicen las malas lenguas se torturo y asesino a supuestos y no tan supuestos antifranquistas]. Grata entonces fue mi sorpresa al ver una fila de unas 500 personas, en donde mi lugar reservado era nada menos que el último.  En mi camino a ocupar aquel cómodo espacio de la fila que se posaba sobre un improvisado atajo peatonal en el medio de la vegetación que crece por la zona, un par de mujeres, de ya no recuerdo su origen, me ofrecieron por la módica suma de 50€ unos puestos a la entrada del recinto.  Así pues, descubrí  que entre los ambulantes vendedores de refrescos, chuches y tabaco, también los había de puestos en la fila. Con un pequeño ejercicio mental podríamos pensar que esta gente pasaba la noche en las afueras del lugar y una vez abierto el recinto cedían el puesto a quien les seguía en la cola hasta que algún presionado [por el tiempo] personaje pagaba lo acordado y evitaba horas de atasco burocrático.

Mi llegada al lugar, como dije, fue a eso de las 8 de la mañana, pensé que sería una hora “prudente”, tanto para llegar como para descansar lo necesario la noche anterior, para enfrentar aquella fila en donde las nubes amenazaban con dejar caer su liquido contenido, sin mencionar el frio y el hambre que aparece en estos bellos momentos de espera.
Podría decir que el largo total de la fila se dividía en 5 segmentos, el más pequeño ya dentro del edificio de la policía donde solo diez personas podían ingresar a la vez. El más grande de unas 200 personas fuera del recinto y otros intermedios de 50 personas aproximadamente.

Con anterioridad había asistido a ciertas tensiones o disputas por los lugares entre los fila-esperantes. Como siempre o en cualquier lugar, había listillos que buscaban colarse y así evitar la tortuosa línea que los llevaría a los pies del escritorio de un funcionario público que recibiría sus documentos, consultas y demás.

Ahora os detallo mi experiencia una vez dentro del recinto; Habiendo pasado ya casi 4 horas en la fila, me encontraba en la primera sección de esta, dentro del recinto policial [no hablo del edificio, sino en el patio de este]. Esta parte de la fila se situaba en un aparcamiento techado en donde había poco menos de 100 personas, algunas de ellas sentadas.  El siguiente punto era una carpa blanca en donde la fila formaba una especie de “M” pero los últimos 10 quedaban fuera de dicha carpa protectora y el último recibía de mano de uno de los policías, que velaban por el orden y la compostura, una especie de tarjeta que lo identificaba como ultimo de la fila, esto con la finalidad que nadie se colara, ya que quienes seguían a este ultimo eran aquellos que esperaban en el aparcamiento antes mencionado. Tuve el honor de recibir dicha tarjeta y en mi posición oficial como ultimo de la fila, me correspondía la difícil tarea de decirles a quienes intentaban colarse que debían salir del recinto y que la fila comenzaba fuera, tarea que era fiscalizada de vez en vez por el Policía. Cuatro fueron los personajes que trataron de colarse y solo uno de ellos, más bien una, hizo caso omiso de mi advertencia y minutos más tarde el policía le conminaría a retirarse del lugar.



Retrocediendo un segmento en la fila, cuando me encontraba en la zona del aparcamiento, vi como un hombre de origen asiático trataba de colarse en aquella en donde yo ocuparía el cargo oficial de ultimo de la fila, tres más se le unieron y aun siendo advertidos, hubo de venir el policía para indicarles que la cola comenzaba fuera. El hombre de origen asiático, llamémoslo de ahora en adelante, Chino, trato de quedarse dentro del recinto pero fue sacado por el policía. Luego de media hora aprox. de dicho acontecimiento, el Chino que antes vestía una chaqueta de traje, ahora venía de jersey para intentar por segunda vez, colarse en la fila, pero esta vez lo hizo en la fila del aparcamiento, en donde guardaba mi posición cómodamente sentado en una banqueta muy incómoda, eso sí, muy atento a la venida del Policía que resguardaba esta zona, para avisar de la intromisión de este individuo. Sin embargo, no fue necesaria mi ayuda, el policía sabía bien que este personaje no debía estar ahí y lo saco del lugar. Es importante mencionar en este punto que la fila se mantenía por las 500 personas, dentro y fuera del recinto.

Una vez perdida mi categoría oficial de último de la fila, volvía a ser uno más en esta aletargada e infinita espera. Ya era parte de la “M” bajo la carpa blanca, donde las sillas puestas en el lugar y el reconocimiento por parte de tus vecinos [el de atrás y el de adelante], como propietario de aquel puesto, te permitía, caminar libremente por el recinto, fuese para estirar las piernas, comer algo de las maquinas expendedoras, o tomarte un café, de estas mismas maquinas.

Cuando por avance natural de la fila después de una hora o poco más, me disponía a entrar en la recta final, en el penúltimo de los segmentos de esta culebra humana, no muy grata fue mi sorpresa, cuando veo salir, con papeles en mano, cara sonriente, gozosa y complacida al Chino de los cojones, el muy cabrón, después de haberle perdido la pista, había logrado colarse, vencer aquel cerco policial invulnerable, entrar campante al edificio bajo quien sabe que excusa  engañando al administrativo portero que protegía el orden y la prestancia de tan larga línea de hombres. En un momento de pequeña humanidad pensé en que el chino lo había hecho bien, le había ganado en cierto modo a este sistema burocrático en este particular momento de su existencia, sin embargo mi cabeza reventó con un cabreo de dimensiones racistas, cagandome en el chino y su madre y todos sus muertos, porque el muy hijo de p… no había respetado a todos quienes durante horas [siete horas y media en mi caso] nos pasamos en la puta fila, con frio y a ratos con hambre.

De este sublime momento, habiendo dejado la ira tras de mí, y una hora más tarde, cuando estando a dos personas de poder entrar al edificio y dejar mi documentación, resulto que habían dado las dos de la tarde y como todos tienen derecho a comer [me refiero a los funcionarios públicos dentro del edificio], pues habría de esperar hasta media hora más para que la fila avanzara y entrara yo con el preciado grupo de los diez, diez que ya podían esperar dentro para ser llamados al tribunal que definiría si aceptaba tus papeles o bien, te faltaba uno u otro y debías de… volver otro día.