Es cierto, soy la victima de mi propio cuento, soy un resentido social. Mis comentarios me delatan, mi posición o mi punto de vista denota no con liviandad un halo de envidia y soberbia. Así es señores, les doy toda la razón. No se puede ir por la vida quejándose de la suerte que han tenido otros. Las puertas las abre uno, eso si existen puertas para abrir, y también según quien seas, a algunos las puertas se las abren otros, o bien, y otros con más suerte aun, nacieron dentro. Quien busca trabajo lo encuentra, así es que quejarse de falta de oportunidades, claro que no!. Oportunidades hay, quizá la oferta sea menor a la demanda, pero de haberlas las hay. Basta de circular en contra de la corriente, acaso había dos filas a la entrada?. Yo claramente no las vi. Y si hay que pasar hambre, pues lo siento, no haber nacido, y comida sobra eh!, siento mucho que un tu barrio no la haya, pero mi despensa esta siempre llena, mira que para comer hay que trabajar, y si no te gusta el sueldo, pues te buscas otro, seguramente no te pagaran mas, pero podrás decir que renunciaste porque te has puesto metas más altas, aun cuando esta sea… llegar a fin de mes, vestir a tus hijos, hijos que nadie te mando a tener y cuidado con hablar mal del sistema de salud o la educación, clínicas y colegios privados hay en todos lados. Además, tú no te enfermas, que ustedes comen de todo y eso los hace fuerte, resistentes, carne de perro como dicen, si pueden trabajar hasta 15 horas diarias, y por el mismo dinero, para que quieren más, si solo se lo gastan en alcohol o drogas. No es un perjudicado, usted no trata con los bancos, no sabe cuánto riesgo corremos por ustedes. Esto no es cosa de suerte, si su padre no tiene una empresa o un amigo dentro de ellas pues no es mi culpa. En esta vida el más pillo va por delante. Ganase el puesto al igual que yo, que no me he pasado 5 años en la universidad para nada, si usted no quiso seguir estudiando no es cuestión del gobierno ni del jefe de su padre. Y si no tuvo padre no es excusa… y que se ha ido a dormir con el estomago vacio, que tuvo un padre alcohólico o que se murió cuando usted era un niño, bueno, no sabe cuánta gente como usted conozco y por eso he querido ayudarlo, aquí me ve, en este sillón tan grueso, hablando con propiedad de su pobreza y mala suerte, sabemos bien que podemos mejorar su calidad de vida, sabemos muy bien lo que necesita, sabemos tan bien como usted que esto no cambiara nada, al menos para usted, porque para mí las cosas pintan bien y deje de quejarse que de donde usted salió hay miles como usted, más o menos sanos, más o menos desnutridos, más o menos quejumbrosos, da igual, hay millones y si uno cae, vienen muchos por detrás, deje de reclamar hombre… usted no es más que un resentido, con lo que les doy tienen suficiente, no se haga la victima ahora…
Me gusta callar, me gusta perder en estas conversaciones, cuando el argumento que se contrapone al mío es: “es que eres un resentido…”